Honduras

En Honduras se ha medido la verdadera dimensión de la democracia y el sentido último de tan maltratada palabra. El presidente legítimo, elegido por mayoría, era expulsado a punta de fúsil y en pijama por haber cometido el grave error de entender el significado del término democracia y haberlo entendido vinculado a otro también bastante apaleado: economía.

No nos equivoquemos, el temor de los golpistas no era que Zelaya se perpetuase en el poder, al fin y al cabo en Honduras llevan mandando los mismos desde siempre, aunque mediante persona interpuesta a la que relevaban cada 4 años; el temor era que Zelaya, que empezó como títere de la oligarquía y se había hecho demócrata en lo político y en lo económico, rompiendo cualquier vínculo con los poderes fácticos, estaba determinado a darle voz a la inmensa mayoría de los hondureños.

El golpista Micheletti, que -dicho sea de paso- me recuerda a las caricaturas de la Revolución Rusa con sus orondos burgueses, pretende disfrazar el golpe de Estado como un acto legítimo en defensa de la Constitución (erigida así en fetiche antidemocrático) frente a la voluntad de Zelaya de preguntarle a los ciudadanos si consideraban adecuado plantear una reforma constitucional. ¿Desde cuando preguntar a quienes se supone que son sujetos de la soberanía es delito?

La respuesta es bien simple, es delito desde que la plantea Zelaya. Mel Zelaya, procedente del Partido Liberal, ha sido abandonado por los partidos tradicionales pero cuenta con enorme apoyo entre las clases populares. En un país tan atrasado políticamente como Honduras, al no haber una verdadera organización de masas, el cálculo de la burguesía es sencillo, si se evita cualquier posibilidad de un segundo mandato de Zelaya, se conjura el peligro de un ascenso político de los desheredados.  Para conjurar ese peligro sirve cualquier cosa: pasarse por la cojonera las más de 400.000 firmas que apoyaban la celebración de la consulta, asaltar a tiro limpio la residencia de Zelaya, secuestrar a personal diplomático de Venezuela… para la burguesía todo sirve, porque para ellos la democracia es un mecanismo formal de apaciguamiento de la población que sólo sirve para mantener sus privilegios y cuando no sirve, pues se la saltan.

Porque de eso se trata, de mantener los privilegios y la explotación absoluta que sumen en la miseria a los hondureños, situación que Mel Zelaya quería corregir, pero que, como él mismo reconoció, no era posible con el sistema político y económico vigente.

Como muestra un botón: “Mire, yo pensé hacer los cambios desde dentro del esquema neoliberal. Pero los ricos no ceden un penique. Los ricos no ceden nada de su plata. Todo lo quieren para ellos. Entonces, lógicamente, para hacer cambios hay que incorporar al pueblo”.

Y cuando Zelaya habla de incoporar al pueblo no se puede obviar que Honduras es un país con más de la mitad de su población de cerca de 8 millones de habitantes viviendo en la pobreza, con un tasa de analfabetismo que ronda el 20%, con más de un millón de ciudadanos emigrados por causas económicas; un país históricamente dominado por las compañías estadounidenses, sus esbirros locales (Micheletti y compañía) e invadido en diversas ocasiones por las tropas de EEUU.

Con este panorama que Zelaya decidiera iniciar una campaña de alfabetización, romper el monopolio en materia de sanidad y medicamentos, y comprarle el petróleo a Venezuela (a precio rebajado, financiado a 25 años y al 1% de interés), provocó el pánico en una oligarquía acostumbrada a manejar el país como su finca particular y, como es lógico, supuso que la clase política le retirase su apoyo y empezara a tildar a Zelaya de trastornado, desequilibrado, autoritario, etc. que son los epítetos que el capital suele dedicar a quienes intetan construir un mundo donde la mitad de la población no se muera de hambre y enfermedades.

Zelaya se ha dado cuenta de que no existe democracia formal sin democracia económica, que no se puede hablar de democracia sin darle voz a los desposeídos y sin sacarlos de su situación de pobreza, y para ello hay que darles educación, salud, alimento, etc. y eso lo convirtió en un hombre a eliminar.

El cálculo de la oligarquía hondureña era sencillo, años de un sistema corrupto de democracia formal que oculta una brutal dominación de clase han provocado la inexistencia de referentes políticos estables para las clases populares hondureñas. Así, Zelaya no tiene relevo en su proyecto, no hay un candidato que pueda ganar unas elecciones en Honduras con su proyecto desde fuera del poder (los partidos de la oligarquía no permitirían una victoria de quien no sea del sistema). Por ello, eliminando a Zelaya se conjura el peligro.

De lo que no eran conscientes estos miserables era que América Latina ya no está en 1930 y que para las clases populares hondureñas es Zelaya o nada, porque ahora mismo se lo juegan todo a una única carta.

Cierto es que el control de los medios de comunicación por la oligarquía es casi absoluto, lo que puede distorsionar la visión de la situación tanto a nivel interno como externo, pero no es menos cierto que su torpeza es tremenda.

La prensa hondureña intenta internamente minimizar las reacciones internacionales frente al golpe, con la finalidad de darle alimento moral a los elementos burgueses que sustentan a la reacción, al tiempo que externamente intenta hacernos creer que ha habido una especie de apoyo unánime al golpe salvo por grupos a los que califica como poco menos que de delincuentes.

Si uno lee las ediciones online de los diarios hondureños sorprenden las peregrinas argumentaciones de los golpistas, la cutrez de las manipulaciones informativas y, sobre todo, la extremada abundancia de comentarios de hondureños a favor del golpe. Lo de los comentarios es importante, porque no dejan de formar parte de la campaña de autoafirmación interna de los golpistas y sus prosélitos y de la campaña externa que intenta presentar el golpe como una suerte de rebelión civil. Ahora bien, Honduras es un país con más de un 50% de pobres y un 20% de analfabetos ¿Quienes acceden a internet? Pues cabe pensar que, salvo excepciones puntuales, aquellos sectores sociales que apoyan el golpe, aquellos que quieren mantener sus privilegios. Está claro que los seguidores de Zelaya, las clases populares, no podrán hacerse oír ni en los medios de comunicación ni en la red, porque no podrán acceder a ellos o bien, porque aún pudiendo acceder, serán censurados y perseguidos.

Si uno observa además las folkloricas manifestaciones pro Micheletti and friends, verá que los manifestantes son gente perteneciente a las capas medias y a la burguesía y que además presentan el típico miedo de las capas medias al socialismo. Son, recordando a Bakunin, explotadores explotados que se entregan servilmente al poder establecido ante el temor de que cualquier mejora de las condiciones de los explotados conlleve un empeoramiento, por mínimo que sea de las suyas. La clase de gente que está dispuesta a ser absolutamente servil con la oligarquía.

Para mi la cuestión está clara, es fundamental acabar con el golpe en Honduras y con los golpistas por cualquier medio legítimo y garantizar que se establecen las condiciones suficientes para facilitar la participación política de las clases populares y la construcción de una democracia económica. En Honduras se libra una batalla más entre quienes quieren un mundo justo, sin clases y sin explotación y quienes están dispuestos a todo para mantener sus privilegios hundiendo en la pobreza a sus semejantes.

Una respuesta a Honduras

  1. Jose dice:

    Sr. Valcarce, estoy totalmente deacuerdo con su artículo, y lo que más me indigna es que todo el mal llamado mundo desarrollado, lo admitieron con total naturalidad, y la mejor ocurrencia que tuvieron es que se llegada a un Gobierno de unidad nacional en el cual el pte. electo y legítimo, aceptase a un grupo sedicioso y golpista para gobernar con ellos, con lo que se daba carta de legitimidad a lo que en sí era un auténtico atropello de la legalidad. No me explico como los que se les llenan la bocaza con la democracia, en cuanto sus verdaderas convinciones se ponen a prueba, sus auténticos principios y valores, el autoritarismo y la fuerza, salen a flote y se muestran con total clarividencia, no son demócratas, no creen en la democracia, y el sistema electoral no es más que un medio para mantenerse en el poder mientras se tenga todo perfectamente controlado, a través de unos partidos gubernamentales y mayoritarios serviles y dependientes de su apoyo que se los otorga a través de los medios de comunicación de su propiedad (y como grandes creadoderes de opinión pública).
    El sistema está totalmente podrido, el género humano me decepciona día tras día, no tengo ninguna esperanza real de una auténtica y profunda mejora de la humanidad, más allá de pequeños éxitos localizados pero que los estopearan los muchísimos fracasos generalizados.
    No hay solución, ya que ésta solo pasaría por la concienciación de los ciudadanos y éstos se encuentran tatalmente influenciados por unos medios de comunicación propiedad de la oligocracia, y no seamos tontos, siempre defenderan sus privilegios.

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