Y la imbecilidad se hizo carne

Los mal llamados grupos provida han amenazado al gobierno con una guerra de guerrillas por la propuesta de reformar la legislación del aborto. Desde luego no hay nada más incoherente que un monoteísta y dentro de esa troupe los católicos tienen ejemplares que son dignos de estudio, como los obispos enemigos del lince boreal o el señor Jesús Poveda.

Que un provida amenace con una guerra es algo kafkiano, si además afirma que la ley en proyecto es “el mayor acto e pedofilia política de la historia de la democracia” y la define como “producto del ala radical del PSOE que quiere proteger a sus médicos abortistas” no queda más remedio que calificar al bípedo parlante como ignorante de marca mayor y borrego patológico.

La pedofilia, o paidofilia según el diccionario de la RAE, es la atracción erótica o sexual que una persona adulta siente hacia niños o adolescentes. Si la ley pretende, en opinión de esa tropa de túzaros, acabar con los niños mediante una especie de matanza masiva de fetos es bastante improbable que sea un acto de pedofilia, porque -siempre siguiendo el razonamiento (?) de los bípedos parlantes- si lo que se persigue es acabar con los niños ¿qué niños serían objeto de la atracción de los pedofilos?

Resulta además curioso que quienes denuncian un pretendido acto de pedofilia política se apoye en una organización que disculpa o esconde actos de pedofilia y pederastia: la Iglesia Católica. Definida hace años por un veterano trotskista gallego como “secta de violadores de monaguillos”, la postura de la Iglesia Católica frente al aborto sí podría considerarse más un acto de paidofilia política, puesto que esa fijación enfermiza contra cualquier forma de aborto (lo que incluye una feroz oposición en casos de graves malformaciones, aborto por menores violadas) unida a la manía de ocultar y disculpar los abusos sexuales a menores por sacerdotes (el que ellos llaman pecado de solicitación) hace temer que su oposición al aborto tenga más que ver con su  mala interpretación del bíblico “dejad que los niños se acerquen a mí” y un indisimulado temor a quedarse sin infantes de los que aprovecharse física o mentalmente.

Otra muestra de la incoherencia e inmoralidad de esta tropa es la polémica surgida por la emisión de un video con propaganda antiabortista en un colegio público durante el horario de clases y de manera obligatoria. Un video dirigido a impactar a los menores con imágenes de gran crudeza de fetos abortados de una edad muy superior al límite máximo del aborto en España;  un vídeo dirigido a adoctrinar a menores en horario lectivo mediante mentiras e insultos al PSOE.

Los mismos católicos que bramaban contra la Educación para la Ciudadanía porque decían que adoctrina a los alumnos, en un ejemplo palmario de su hipocresía ilimitada, adoctrina ahora a los menores. Queda claro que para ellos adoctrinar es todo lo que no sea darles el privilegio de meterse en las aulas y controlar la educación para moldear a la gente y tenernos aborregados.

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