Alcaraz o la antítesis de la decencia

Quienes me conocen mínimamente saben del profundo rechazo que me provoca el ciudadano Francisco José Alcaraz, ex presidente de la Asociación de Víctimas del Terrorismo. Considero que utilizó sus responsabilidades al frente de la AVT para sustentar una determinada posición política e ideológica, faltando sistemáticamente a la verdad y empleando a la asociación como ariete en su obsesión por minar al Gobierno legítimamente elegido; cometiendo la indecencia de meterse en política pretendiendo usar como carta de presentación y como escudo frente a las críticas su condición de familiar de personas asesinadas por ETA.

Para culminar su patético periplo como jefe máximo de la AVT, y actuando de un modo vengativo, rastrero y cobarde, Alcaraz, con la aquiescencia de sus secuaces, ha expulsado de la AVT a un miembro crítico con su gestión: el señor Juan Domínguez, que lleva 20 años siendo miembro. ¿Su delito? Afirmar públicamente que en la elección en la Asamblea de 2006 hubo irregularidades en el censo de socios y que Alcaraz había vivido los últimos años a costa de la AVT.

Poca altura moral demuestran quienes se creen que su desgracia les hace superiores a los demás o les da patente de corso para hacer lo que les venga en gana, sin someterse a las más elementales normas que rigen la vida pública. Sin embargo, este hombre se ha conducido así, pretendiendo tener inmunidad absoluta frente a todo y pretendiendo mandar y decidir más que quienes alcanzaron el gobierno gracias a la mayoría irrefutable de votos y escaños.

Con sus actos se retrata: quien reprochaba al Gobierno no respetar a las víctimas del terrorismo y hacía el ridículo por el mundo diciendo que España es una dictadura, acaba demostrando que es él quien no respeta a las víctimas y quien no tiene ni puñetera idea de lo que es democracia.

Como un dictadorzuelo de tres al cuarto, en lugar de responder a las críticas, se limita a expulsar a aquel que se atrevió a alzar la voz contra él. ¿Cómo se puede tener tan poca vergüenza?

Una vez más, Alcaraz ha actuado como si se creyese Dios, dividiendo a su antojo entre buenos y malos y actuando con un absoluto despotismo. En su delirio -no lo puedo catalogar de otra forma- se cree con derecho a decidir quienes son víctimas y quienes no, quienes son buenos españoles y quienes no…

Recuerdenlo bien y no perdonen, porque Francisco José Alcaraz fue quien utilizó su condición de víctima del terrorismo no sólo para meterse en política y pretender ser intocable por las críticas, no sólo para pretender dirigir la política antiterrorista, no sólo para manifestarse contra el Gobierno (nunca contra ETA), no sólo para insultar a la izquierda de este país, no sólo para alimentar a la extrema derecha… sino también -y eso es lo más grave e imperdonable- para tirazanizar, despreciar y maltratar a las demás víctimas del terrorismo.

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