No olvidemos nunca a Julián Grimau

Conocí a Julián Grimau a través de la voz de Quilapayún, hace ya unos 12 o 13 años. Yo era un adolescente raro que escuchaba la Nueva -y la vieja- canción sudamericana y tenía la peculiar manía de preferir a Violeta Parra, Víctor Jara, Silvio Rodríguez, Atahualpa Yupanqui, etc. a otros músicos más comerciales.

Fueron los barbados chilenos cantando Que dirá el Santo Padre, de Violeta Parra, con un sentimiento dificilmente igualable, quienes me hicieron interesarme por la vida y muerte de Julián Grimau. Y es que la canción de Violeta Parra, la cante quien la cante, suena como una brutal denuncia de la hipocresía de aquellos que mantienen bajo la bota a la mayoría y cometen toda clase de brutalidades sin sufrir ni el más leve sonrojo.

En estas fechas, a 45 años de su vil asesinato, no podemos, si queremos ser ciudadanos honestos, honrados y cabales, dejar de denunciar que Julián Grimau fue asesinado por la dictadura franquista en un proceso vergonzante que debería ser completamente anulado y dar lugar a las responsabilidades jurídicas y políticas que correspondan.

La dictadura franquista no sólo torturó a Grimau y lo asesinó, sino que además quiso borrarlo de la memoria colectiva, quiso vendernos una mentira brutal y despiadada sobre el hombre al que habían asesinado.

Cuando Grimau, cuyo delito era ser miembro del Partido Comunista y luchar contra la dictadura, fue detenido, se le tortuó salvajemente, se le arrojó por una ventana (sobrevivió milagrosamente) y Manuel Fraga Iribarne, ministro de la dictadura, tuvo la desvergüenza de afirmar que el propio Grimau se había tirado por la ventana. ¿Cómo se tiró, don Manuel, un hombre que estaba esposado a una silla?

Grimau fue condenado a muerte en un juicio sin ninguna garantía, en un proceso lleno de mentiras, mentiras que continuaron tras su ejecución con las infamias prodigadas por Manuel Fraga Iribarne. El mismo Fraga Iribarne que imbuido de una prepotencia dificilmente comprensible y que no se puede disculpa,r nunca ha pedido perdón por ninguno de sus actos. Jamás se ha disculpado por Montejurra, por Vitoria… por nada. ¿Por qué habría de disculparse por haber colaborado en el asesinato y difamación de Julián Grimau? ¿Por qué habría de sentir el más mínimo arrepentimiento por haber colaborado en un asesinato?

Realmente que Fraga no se disculpe o no tenga conciencia del daño causado no es grave, es algo típico de él. Lo grave es que el Partido Popular se haya negado a votar a favor de las medidas para rehabilitar públicamente la memoria de Julián Grimau y tantas otras víctimas del franquismo. Porque no debemos engañarnos: el PP nunca ha querido condenar el franquismo.

Estos días y siempre recordemos a Julián Grimau como lo que fue: un luchador por la democracia. Hagamos memoria escuchando la hermosa canción Qué dirá el Santo Padre en la voz de Quilapayún.

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