Sobre la libertad de expresión, sus límites, la COPE y El Mundo

La libertad de expresión es un derecho fundamental consagrado por nuestra Constitución en su artículo 20 que comprende -entre otros- el derecho a expresar y difundir libremente pensamientos, ideas y opiniones mediante cualquier medio,  sin más límite que el respeto a los demás derechos fundamentales, especialmente el derecho al honor, a la intimidad, a la propia imagen y a la protección de la juventud y de la infancia.

Por tanto, la libertad de expresión es un derecho que como tal derecho es limitado, lo que no permite excesos verbales o escritos y que, evidentemente, no puede nunca menoscabar el honor y dignidad de la persona. Esto, que parece evidente y que se aprende en primero o -a lo sumo- segundo de Derecho y que cualquier humano que sepa leer e interpretar textos en español puede comprender, parece no quedarle muy claro a Pedro J. Ramírez, que, quizá influído por una extraña afición al encaje, quiere encajar los excesos verbales del ciudadano Federico Jiménez Losantos dentro de la libertad de expresión.

Brillante el señor Ramírez, que pretende ya no sólo dar lecciones de periodismo -él, que dotado de una imaginación desmedida es uno de los principales inventores del país- sino de Derecho, en defensa de su socio en el tinglado de la crispación, la invención, la injuria… a la vez que de paso carga contra el alcalde de Madrid.

¿No saben de qué va el asunto? Pues yo se lo cuento. El señor Jiménez Losantos, viendo que Ruiz Gallardón no se subía al carro de la teoría de la conspiración del 11-M, afirmó: “Tú lo que estás diciendo, alcalde, es que te da igual que haya 200 muertos…con tal de llegar al poder” y Gallardón, como es lógico, se querelló.

Ustedes dirán que realmente comparado con lo que sale habitualmente de la boca de Jiménez Losantos no es para tanto, al fin y al cabo, el bípedo parlante del género homo ha dicho cosas más fuertes: “rojos analfabetos”,  “Montilla, célebre analfabeto”; “un régimen de extrema izquierda que funciona con costumbres chequistas, a la manera soviética, y que tiene unas estrechas relaciones con la dictadura marroquí, máxima responsable del 11-M”(dicho del gobierno del PSOE); “en todo lo relativo con el 11M  la policía de Zapatero se ha dedicado a falsificar pruebas a borrar todas las que podían incriminar a ETA”, etc. pero es evidente que todo esto -una pequeña muestra de su magna obra- choca frontalmente con el respeto a los derechos reconocidos en la constitución y particularmente con el derecho al honor.

Sorprende que Ramírez tenga pues la desvergüenza y la imprudencia jurídica de dedicar un editorial a exigir a Gallardón la retirada de la querella con este peregrino argumento: “se lo he dicho en privado al menos en media docena de ocasiones y se lo digo ahora por primera vez en público: señor alcalde, si cree de verdad en la libertad de expresión, retire la querella”.

Si creemos en la libertad de expresión es precisamente por lo que debemos actuar jurídicamente contra quienes, como Federico Jiménez Losantos, la vulneran sistemáticamente. Porque insultar sin medida a quien no se le muestra servil, vejar a quien no comparte sus opiniones, maltratar verbalmente, no es ejercicio de un derecho, sino vulneración del Derecho y manifestación de graves trastornos de conducta.

Si todos entendiéramos la libertad de expresión con el sentido antijurídico de Ramírez o Jiménez Losantos, podríamos usar términos como “refractario tarado, resentido y acomplejado”, “terrorista escrito y sonoro”, y un largo etcétera que nos pide el cuerpo y que nos tragamos porque la libertad de expresión tiene límites… aunque algunos ciudadanos tengan muy poca vergüenza.

Por cierto, y por si los señores obispos lo desconocen, los medios de comunicación son responsables de las burradas que publican.

Una respuesta a Sobre la libertad de expresión, sus límites, la COPE y El Mundo

  1. Si uno repasa la historia de la humanidad, la Iglesia Católica, tuviera donde tuviera su sede, y fuera quien fuera su máximo líder, ha hecho cosas bastante extrañas con su dinero, desde financiar asesinatos, genocidios, colaborar con la mafia, y actualmente, cotizar en bolsa y financiar cadenas de radio que incitan al enfrentamiento civil y tienen como instrumento la difamación, el insulto y la ignonimia.

    Alguien debería ir al Vaticano y pegar un puñetazo en la mesa, pero me temo que la gente es tan poco valiente que ya ni siquiera es razonable.

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