Investigaciones raciales para tiempos revueltos

14 Octubre, 2008

En estos tiempos de crisis económica, política, social, moral… en fin, en estos tiempos de apocalipsis galopante en que se aproxima el Juicio Final -no se aleja nunca, que se sepa- uno puede preocuparse por el hundimiento de Islandia, por poner a buen recaudo sus euros, por darse al vicio (total, es el fin) o por invertir sabiamente el tiempo y el dinero y hacerse un test genético para saber si es vasco.

La vasquidad, esa suerte de negritud patria, acompañada de txapela, txacolí y otros palabros del estilo ya no es como antaño cuestión de acreditar un número n de apellidos vascos, método poco fiable y facilmente falseable (al fin y al cabo, el Maligno adopta nombres varios para confundirnos).

No, amigos y amigas, ahora uno puede con los métodos científicos más modernos y por el módico precio de 105 euros (de salida) descubrir si es vasco, judío, vikingo o la reencarnación del caballo de Espartero. Y todo gracias a iGENEA.

Años y años luchando desde la izquierda para fomentar los lazos entre la gente con independencia de su lugar de origen, su pigmentación o sus bailes regionales para darnos de bruces con esto.

¿Qué tiene de interesante ser vasco o austro-húngaro?

¿Va a cambiar en algo nuestra vida por ser de un origen u otro?

Espero que no, porque por ahí se empieza y ya se sabe por donde se acaba.