Expulsan a un militante del BNG por pro-israelí

30 Abril, 2008

Ya saben ustedes que un servidor es cualquier cosa menos pro-israelí. Nunca he sentido excesiva simpatía por el Estado de Israel, al que considero una plasmación de los remordimientos europeos por el crimen monstruoso del Holocausto y, en cierto modo, un triunfo del antisemitismo, puesto que la inmensa mayoría de los judíos sobrevivientes abandonaron Europa con destino a Israel. Sin Holocausto hubiera sido harto dificil que Israel, tal y como lo conocemos, existiese. Aunque también hay que decir que, sin la absoluta torpeza árabe, en el Israel y Palestina actuales podría haber algo absolutamente distinto.

Israel es -en mi opinión- un Estado teocrático, que no respeta el Derecho Internacional, discrimina a las personas por su origen étnico o religioso, practica la tortura, el asesinato extrajudicial, ataca indiscriminadamente a la población civil, viola las fronteras, etc. Vamos: una auténtica desgracia como Estado, que no es para nada equiparable a lo que entendemos por democracia occidental y que hace juego con los demás Estados de Oriente Medio, que no le van a la zaga precisamente en lo que a homologabilidad democrática se refiere.

Con todo, por muy execrable que me parezca el comportamiento de Israel como Estado, he de decir que siento profundamente que el BNG haya cometido la tropelía de expulsar a uno de sus militantes, Pedro Gómez-Valadés, por presidir la Asociación Galega de Amizade con Israel (Agai).

Cierto es que la postura oficial del BNG es considerar a Israel como un estado imperialista y agresor, lo que podría llevarnos a pensar que la expulsión tiene justificación, pero no es menos cierto que, por muchas tropelías que cometa Israel como Estado, ello no puede significar que no tenga derecho a existir como tal. Y es que el señor Gómez-Valadés con su asociación no pretendía otra cosa que defender el derecho de Israel a existir y a coexistir con un Estado Palestino, y -lo que es más importante- el derecho de los israelíes a existir y también a coexistir con los palestinos.

Es importante este matiz, porque mientras el BNG parece girar hacia posiciones que van más allá de criticar la actuación de Israel y entran incluso en la propia existencia de Israel como Estado, el militante expulsado no niega el derecho de los palestinos a tener su Estado, y, por tanto, la obligación de Israel de respetarlo.

Es preocupante que una fuerza política pretenda callar aquellas voces que no comulgan con su doctrina oficial. Se equivoca -y mucho- el BNG al expulsar a alguien cuya falta parece ser el intentar fomentar una visión distinta de un problema de tal complejidad que creo que no se puede agotar en una formulación maniquea entre buenos y malos sin más.

Israel comete crímenes y tropelías injustificables, de acuerdo, pero eso no significa que sus antagonistas sean inocentes. El expulsar al señor Gómez-Valadés supone que el BNG ha tomado partido por una visión determinada del conflicto que culpabiliza totalmente a Israel y exonera de toda responsabilidad a la parte árabe, lo que no deja de ser un error. Además, se coarta la libertad de expresión y se elimina el debate, transformándose la expulsión en una mera represalia.


Alcaraz o la antítesis de la decencia

28 Abril, 2008

Quienes me conocen mínimamente saben del profundo rechazo que me provoca el ciudadano Francisco José Alcaraz, ex presidente de la Asociación de Víctimas del Terrorismo. Considero que utilizó sus responsabilidades al frente de la AVT para sustentar una determinada posición política e ideológica, faltando sistemáticamente a la verdad y empleando a la asociación como ariete en su obsesión por minar al Gobierno legítimamente elegido; cometiendo la indecencia de meterse en política pretendiendo usar como carta de presentación y como escudo frente a las críticas su condición de familiar de personas asesinadas por ETA.

Para culminar su patético periplo como jefe máximo de la AVT, y actuando de un modo vengativo, rastrero y cobarde, Alcaraz, con la aquiescencia de sus secuaces, ha expulsado de la AVT a un miembro crítico con su gestión: el señor Juan Domínguez, que lleva 20 años siendo miembro. ¿Su delito? Afirmar públicamente que en la elección en la Asamblea de 2006 hubo irregularidades en el censo de socios y que Alcaraz había vivido los últimos años a costa de la AVT.

Poca altura moral demuestran quienes se creen que su desgracia les hace superiores a los demás o les da patente de corso para hacer lo que les venga en gana, sin someterse a las más elementales normas que rigen la vida pública. Sin embargo, este hombre se ha conducido así, pretendiendo tener inmunidad absoluta frente a todo y pretendiendo mandar y decidir más que quienes alcanzaron el gobierno gracias a la mayoría irrefutable de votos y escaños.

Con sus actos se retrata: quien reprochaba al Gobierno no respetar a las víctimas del terrorismo y hacía el ridículo por el mundo diciendo que España es una dictadura, acaba demostrando que es él quien no respeta a las víctimas y quien no tiene ni puñetera idea de lo que es democracia.

Como un dictadorzuelo de tres al cuarto, en lugar de responder a las críticas, se limita a expulsar a aquel que se atrevió a alzar la voz contra él. ¿Cómo se puede tener tan poca vergüenza?

Una vez más, Alcaraz ha actuado como si se creyese Dios, dividiendo a su antojo entre buenos y malos y actuando con un absoluto despotismo. En su delirio -no lo puedo catalogar de otra forma- se cree con derecho a decidir quienes son víctimas y quienes no, quienes son buenos españoles y quienes no…

Recuerdenlo bien y no perdonen, porque Francisco José Alcaraz fue quien utilizó su condición de víctima del terrorismo no sólo para meterse en política y pretender ser intocable por las críticas, no sólo para pretender dirigir la política antiterrorista, no sólo para manifestarse contra el Gobierno (nunca contra ETA), no sólo para insultar a la izquierda de este país, no sólo para alimentar a la extrema derecha… sino también -y eso es lo más grave e imperdonable- para tirazanizar, despreciar y maltratar a las demás víctimas del terrorismo.


No olvidemos nunca a Julián Grimau

22 Abril, 2008

Conocí a Julián Grimau a través de la voz de Quilapayún, hace ya unos 12 o 13 años. Yo era un adolescente raro que escuchaba la Nueva -y la vieja- canción sudamericana y tenía la peculiar manía de preferir a Violeta Parra, Víctor Jara, Silvio Rodríguez, Atahualpa Yupanqui, etc. a otros músicos más comerciales.

Fueron los barbados chilenos cantando Que dirá el Santo Padre, de Violeta Parra, con un sentimiento dificilmente igualable, quienes me hicieron interesarme por la vida y muerte de Julián Grimau. Y es que la canción de Violeta Parra, la cante quien la cante, suena como una brutal denuncia de la hipocresía de aquellos que mantienen bajo la bota a la mayoría y cometen toda clase de brutalidades sin sufrir ni el más leve sonrojo.

En estas fechas, a 45 años de su vil asesinato, no podemos, si queremos ser ciudadanos honestos, honrados y cabales, dejar de denunciar que Julián Grimau fue asesinado por la dictadura franquista en un proceso vergonzante que debería ser completamente anulado y dar lugar a las responsabilidades jurídicas y políticas que correspondan.

La dictadura franquista no sólo torturó a Grimau y lo asesinó, sino que además quiso borrarlo de la memoria colectiva, quiso vendernos una mentira brutal y despiadada sobre el hombre al que habían asesinado.

Cuando Grimau, cuyo delito era ser miembro del Partido Comunista y luchar contra la dictadura, fue detenido, se le tortuó salvajemente, se le arrojó por una ventana (sobrevivió milagrosamente) y Manuel Fraga Iribarne, ministro de la dictadura, tuvo la desvergüenza de afirmar que el propio Grimau se había tirado por la ventana. ¿Cómo se tiró, don Manuel, un hombre que estaba esposado a una silla?

Grimau fue condenado a muerte en un juicio sin ninguna garantía, en un proceso lleno de mentiras, mentiras que continuaron tras su ejecución con las infamias prodigadas por Manuel Fraga Iribarne. El mismo Fraga Iribarne que imbuido de una prepotencia dificilmente comprensible y que no se puede disculpa,r nunca ha pedido perdón por ninguno de sus actos. Jamás se ha disculpado por Montejurra, por Vitoria… por nada. ¿Por qué habría de disculparse por haber colaborado en el asesinato y difamación de Julián Grimau? ¿Por qué habría de sentir el más mínimo arrepentimiento por haber colaborado en un asesinato?

Realmente que Fraga no se disculpe o no tenga conciencia del daño causado no es grave, es algo típico de él. Lo grave es que el Partido Popular se haya negado a votar a favor de las medidas para rehabilitar públicamente la memoria de Julián Grimau y tantas otras víctimas del franquismo. Porque no debemos engañarnos: el PP nunca ha querido condenar el franquismo.

Estos días y siempre recordemos a Julián Grimau como lo que fue: un luchador por la democracia. Hagamos memoria escuchando la hermosa canción Qué dirá el Santo Padre en la voz de Quilapayún.


La COPE pasándose la ley por el arco del triunfo (nada nuevo)

17 Abril, 2008

Que la COPE no es una emisora muy respetuosa con nada ni nadie -ni tan siquiera respeta, válgame Dios, las Sagradas Escrituras- es algo que no se le debería escapar a nadie, y menos a estas alturas -o bajuras- de la vida.

Pero, apreciados lectores, yo sigo siendo un niño (no lo niego) y me sorprendo por cosas tan poco sorprendentes como estas: la Cope despide a una redactora por ser homosexual y nacionalista.

Isabel Quintairos, la redactora despedida, cometió dos pecados mortales para la COPE: tuvo una excedencia forzosa en su condición de asesora técnica de la Diputación de A Coruña como responsable de prensa del grupo del BNG, y se casó con otra mujer.

La Cope despidió a la redactora sin alegar causa alguna, por lo que Quintairos inició un proceso judicial algeando que el despido estaba motivado por su matrimonio con otra mujer y por haber trabajado para el BNG. La sentencia condenó a la COPE a readmitir a la redactora en el mismo puesto y condiciones.

La COPE -como no- recurrió. El recurso de la cadena de los obispos es un desproposito lleno de faltas de respeto al más puro estilo del tarado de Teruel, puesto que se recurre la sentencia por estar dictada en gallego, al que definen como “una lengua tal vez cooficial o algún dialecto”.

El recurso fue inadmitido y la Cope se vió obligada a readmitir a la trabajadora la semana pasada. La COPE cumplió formalmente, pero asignó tarea alguna a Isabel, lo que vulnera el Estatuto de los Trabajadores.

Finalmente la cadena de los obispos ha vuelto a despedir a la trabajadora esta semana alegando causas desestimadas en la primera sentencia, lo que demuestra el nulo respeto que tienen en la COPE por la legalidad vigente.

Es lamentable que la COPE, que tanto cacarea contra todo bicho viviente, que tanto brama en defensa de la Constitución y de Esssspaña (lease con la s ultra larga y mecarda), es lamentable -digo- que sea la primera en vulnerar el ordenamiento jurídico: no respeta los derechos ajenos -sólo hace falta sintonizarla a cualquier hora npara comprobarlo-, sus radiopredicadores estrella insultan sistemáticamente, son homófobos -cierta periodista pretendía curar a los homosexuales- y ahora despiden a los periodistas pasandose su amada Constitución por la huevera. ¿Es que no tienen vergüenza los obispos?

Antes de publicar un comentario lean las normas de publicación.


El derecho a la infancia

15 Abril, 2008

Leo en el blog pixelisation una noticia que me deja boquiabierto: una niña yemení de ocho años ha pedido el divorcio y está litigando contra su padre, quien la forzó a casarse con un hombre de 30 años.

La noticia se recoge también en diversos medios de comunicación españoles (ABC, El Mundo, La Voz de Galicia) y ha de provocar el profundo rechazo de cualquiera que tenga dos dedos de frente, puesto que tales matrimonios forzados vulneran las convenciones internacionales sobre Derechos Humanos, los derechos de la infancia (no ratificados por Estados Unidos, curiosamente) y el más elemental sentido de la ética. Es aberrante que un hombre pueda casarse con una niña de ocho años, la maltrate, etc.

Ahora bien, una vez espantados, como no podía ser menos, hagamos dos reflexiones:

La primera es que no pretendamos llevar el tema a términos eurocéntricos o de pretendida superioridad ética, ni pretendamos achacarlo al Islam, puesto que pasan tales cosas en muchos lugares y culturas (por ejemplo en la India). Sin ir más lejos, en nuestro mundo occidental no hace tanto tiempo que pasaban tales casos, con matrimonios forzados, menores poco menos que vendidas a sus maridos, etc. Es más, en Estados Unidos una secta mormona fundamentalista ha sido noticia hace poco por un caso semejante.

Otra reflexión que quiero transmitir es la obligación ética de defender el derecho a la infancia. Los niños son niños; no son adultos bajitos y por tanto no podemos pretender que se comporten como tales.

La moderna sociedad capitalista ha hecho desaparecer la infancia. La niñez ya no existe. No hay programación infantil, revistas infantiles, actividades específicas para ellos…

Los niños apenas tienen tiempo para disfrutar de su condición; casi sin tiempo son introducidos en actividades extraescolares, deportes, etc. Se les deposita en guarderías, colegios, o se les planta frente a la tele para que no den la lata. Y luego, rápidamente, se les disfraza de adultos, se les “adultera” -si se me permite la licencia- y se les dirige rápidamente hacia la vorágine de nuestra sociedad.

Yo no me resigno. Sigo viendo antinatural que niños de 12 años tengan móvil o salgan de juerga. Sigo viendo injusto para ellos que los arrastremos a toda esta porquería consumista y que, apenas salidos del parvulario, los metamos de lleno en una falsa adolescencia.

Nos escandalizamos por los niños explotados en la India o Pakistán -bueno es hacerlo-; nos indignamos por las niñas obligadas a casarse con ancianos -lógica indignación-; pero callamos y -mucho me temo- otorgamos cuando sostenemos un sistema económico y social que elimina la infancia y la niñez, y transforma a nuestros niños en adolescentes precoces o en adultos abortados.



Neonazis israelíes: estupidez al cuadrado

10 Abril, 2008

Ya hay alguien más tonto que un obrero de derechas: los neonazis israelíes, que para más inri son de origen ruso. Vamos, masoquistas por vía doble, porque si a alguien odiaban los nazis casi tanto como a los judíos era a los eslavos, que eran considerados untermenschen (submanos). Ya me dirán ustedes cómo gaitas se puede ser de origen judío ruso y ser de ideología neonazi, es como ser negro y del Ku Klux Klan.

Hace meses saltó la noticia y hoy la retoman en El Mundo, con explicaciones de lo más curiosas: “Más que una ideología, estos jóvenes expresan su decepción y rabia por la falta de adaptación. Los detenidos no tienen ninguna identidad judía, muchos son ateos y la cruz gamada es para ellos la vía de protesta y rebeldía ante lo que consideran injusticias”, opina un educador.

Por desgracia, este buen educador parece olvidar que la decepción e inadaptación de miles de excombatientes alemanes de la Primera Guerra Mundial fue lo que los llevó a caer en los freikorps, primero, y en el NSDAP, después. Además, los nazis nunca tuvieron una ideología muy definida sino ante todo un profundo rencor, odio y revanchismo.

Estos neonazis israelíes demostraban su odio atacando a árabes, homosexuales, judíos, extranjeros, etc y tenían diversas armas en su poder (algo no muy dificil de obtener en Israel, dicho sea de paso).

Lo peor de estos taraditos es que algunos son descendientes de víctimas del Holocausto, lo que hace todavía más incompresible su amor por la parafernalia nazi. En pura coherencia, como miembros de dos razas inferiores según su propia concepción, lo que deberían haber hecho es suicidarse.

Pero bromas aparte, este hecho lo que demuestra es que la política de colonización israelí es un auténtico desastre, ya que con la condición de ser de origen judío puede entrar cualquiera, incluso cuando no tenga conciencia alguna de ser judío (situación bastante frecuente en aquellos que proceden de la antigua URSS) o lo único que les interese es irse a algún otro lugar con mejores perspectivas materiales.

Ante la necesidad acuciante de ganar población para vencer la batalla demográfica frente a los prolíficos árabes de nacionalidad israelí y para poder continuar mandando colonos a territorio palestino, los israelíes han permitido que el enemigo se les cuele en casa.

Así que ya ven, estúpidos neonazis israelíes y estúpida política israelí.


Israel: un estado teocrático

10 Abril, 2008

Hace años que ya no me escandalizo de la hipocresía occidental respecto a Oriente Medio (he hecho callo). Se suele llevar el debate a puntos maniqueos de enfrentamiento entre el bien y el mal, Oriente frente a Occidente, etc. Los medios participan de la fiesta de la desinformación hablando de Israel como un país que comete excesos, pero que al fin y al cabo es una democracia: es un hijo de puta, pero es nuestro hijo de puta. Además se le suele presentar rodeado de hostiles adversarios fundamentalistas y, particularmente, del malvado Irán, ejemplo de teocracia represora de los derechos humanos (extremo que resulta innegable).

Pues lamento darles un disgusto: Israel es un estado teocrático con muchos parecidos a los demás estados de la región, incluido Irán.

¿No se lo creen?

El fundamento de Israel como estado es una religión: el judaísmo. Son judíos los que fundan Israel, con una cultura y una religión determinada. Dejan vivir a musulmanes (a algunos, a otros los echan y les joden los olivos) y a cristianos (son bastante pocos) pero ellos, su ejército, su cultura, su religión, son judíos.

No tiene nada de malo ser judío. Grandes personajes de la Historia son judíos. Jesús de Nazaret era judío, y -que se sepa- nunca dejó de serlo. Ahora bien, el ser judío no es algo que lo haga a uno mejor ni peor (lamento decir que yo no creo que sean un pueblo elegido).

Israel, al igual que Irán, no es un estado laico, sino un estado confesional, donde los no judíos son ciudadanos de segunda. Esta confesionalidad, que en principio no tiene porque ser excesivamente problemática (muchos países europeos son confesionales aunque respetan la libertad religiosa) en el caso de Israel produce algunos efectos indeseables, particularmente en el campo de los derechos civiles.

Israel, como estado de raíz teocrática, tiene un ordenamiento jurídico también teocrático donde podemos encontrarnos con una situación en materia de derechos civiles que no es homologable a un estado como España, sino más próxima a estados como Marruecos, Irán, etc. Es para quedarse pasmado, pero, tal y como informa el diario Público, en Israel no existe matrimonio civil y, consecuentemente, tampoco una institución equiparable al divorcio.

Da igual que sean creyentes o no, en Israel sólo existe el matrimonio religioso sometido a los Tribunales Rabínicos. ¿Les resulta kafkiano? Imagínense que en lugar de dirigirse a un juzgado para dirimir cuestiones jurídicas en materia matrimonial, tienen que acudir a la parroquia y luego al obispado.

En materia de divorcio se sigue el Talmud, que tiene un carácter absolutamente machista, puesto que es el hombre el que concede el divorcio. Si al marido no le da la gana: no hay divorcio. La mujer no podrá volver a casarse y los hijos que pueda tener serán legalmente bastardos. Esta situación vulnera unos cuantos tratados internacionales y principios en materia de derechos humanos, aunque, habida cuenta de como se comporta habitualmente el estado de Israel, no resulta muy sorprendente.

El divorcio talmúdico es una institución causal, precisa que se alegue alguna causa, pero entre tales causas no está -entre otras- la violencia contra la mujer, aunque el hombre puede alegar prácticamente lo que le venga en gana para repudiar a su esposa.

Esta situación, es muy similar a la que rige en los países islámicos, cosa bastante lógica porque el Islam, al igual que el cristianismo, es una religión monoteísta que procede del judaísmo. En el Derecho islámico la figura que existe es el repudio por el marido, que según el Derecho Privado Internacional español no es equiparable al divorcio puesto que deja a la mujer en una situación de inferioridad e indefensión.

No voy a entrar ahora en otros temas que son mucho más graves y que equiparan también a Israel con sus malvados enemigos: secuestros perpetrados por el Estado, asesinatos extrajudiciales, falta de garantías procesales, uso de la tortura, robo institucionalizado de tierras, etc. Sólo quiero plantearles una pregunta: ¿si a los países islámicos los ponemos a caer de un burro por cosas como estás, por qué pretendemos equiparar a Israel con un país occidental cuando ni su Derecho ni su actuación como Estado lo hacen homologable?

PS: Dado que ciertos comentaristas, en lugar de discutir el artículo y su argumentación, han preferido insultar y conducirse con prepotencia y una total falta de respeto, he decidido no publicar ningún comentario que contenga términos ofensivos, insultos, etc. Asimismo, a partir de ahora para poder efectuar un comentario, habrá que cumplir con una serie de requisitos de los que informaré al final de cada artículo.


Sobre la libertad de expresión, sus límites, la COPE y El Mundo

2 Abril, 2008

La libertad de expresión es un derecho fundamental consagrado por nuestra Constitución en su artículo 20 que comprende -entre otros- el derecho a expresar y difundir libremente pensamientos, ideas y opiniones mediante cualquier medio,  sin más límite que el respeto a los demás derechos fundamentales, especialmente el derecho al honor, a la intimidad, a la propia imagen y a la protección de la juventud y de la infancia.

Por tanto, la libertad de expresión es un derecho que como tal derecho es limitado, lo que no permite excesos verbales o escritos y que, evidentemente, no puede nunca menoscabar el honor y dignidad de la persona. Esto, que parece evidente y que se aprende en primero o -a lo sumo- segundo de Derecho y que cualquier humano que sepa leer e interpretar textos en español puede comprender, parece no quedarle muy claro a Pedro J. Ramírez, que, quizá influído por una extraña afición al encaje, quiere encajar los excesos verbales del ciudadano Federico Jiménez Losantos dentro de la libertad de expresión.

Brillante el señor Ramírez, que pretende ya no sólo dar lecciones de periodismo -él, que dotado de una imaginación desmedida es uno de los principales inventores del país- sino de Derecho, en defensa de su socio en el tinglado de la crispación, la invención, la injuria… a la vez que de paso carga contra el alcalde de Madrid.

¿No saben de qué va el asunto? Pues yo se lo cuento. El señor Jiménez Losantos, viendo que Ruiz Gallardón no se subía al carro de la teoría de la conspiración del 11-M, afirmó: “Tú lo que estás diciendo, alcalde, es que te da igual que haya 200 muertos…con tal de llegar al poder” y Gallardón, como es lógico, se querelló.

Ustedes dirán que realmente comparado con lo que sale habitualmente de la boca de Jiménez Losantos no es para tanto, al fin y al cabo, el bípedo parlante del género homo ha dicho cosas más fuertes: “rojos analfabetos”,  “Montilla, célebre analfabeto”; “un régimen de extrema izquierda que funciona con costumbres chequistas, a la manera soviética, y que tiene unas estrechas relaciones con la dictadura marroquí, máxima responsable del 11-M”(dicho del gobierno del PSOE); “en todo lo relativo con el 11M  la policía de Zapatero se ha dedicado a falsificar pruebas a borrar todas las que podían incriminar a ETA”, etc. pero es evidente que todo esto -una pequeña muestra de su magna obra- choca frontalmente con el respeto a los derechos reconocidos en la constitución y particularmente con el derecho al honor.

Sorprende que Ramírez tenga pues la desvergüenza y la imprudencia jurídica de dedicar un editorial a exigir a Gallardón la retirada de la querella con este peregrino argumento: “se lo he dicho en privado al menos en media docena de ocasiones y se lo digo ahora por primera vez en público: señor alcalde, si cree de verdad en la libertad de expresión, retire la querella”.

Si creemos en la libertad de expresión es precisamente por lo que debemos actuar jurídicamente contra quienes, como Federico Jiménez Losantos, la vulneran sistemáticamente. Porque insultar sin medida a quien no se le muestra servil, vejar a quien no comparte sus opiniones, maltratar verbalmente, no es ejercicio de un derecho, sino vulneración del Derecho y manifestación de graves trastornos de conducta.

Si todos entendiéramos la libertad de expresión con el sentido antijurídico de Ramírez o Jiménez Losantos, podríamos usar términos como “refractario tarado, resentido y acomplejado”, “terrorista escrito y sonoro”, y un largo etcétera que nos pide el cuerpo y que nos tragamos porque la libertad de expresión tiene límites… aunque algunos ciudadanos tengan muy poca vergüenza.

Por cierto, y por si los señores obispos lo desconocen, los medios de comunicación son responsables de las burradas que publican.